Diseño y arbitrariedad

Le Corbusier ya había caído en la cuenta de la arbitrariedad de las medidas cuando propone el modulor tomando como referencia el cuerpo humano. No solamente nuestra estructura subjetiva no obedece en su primacía a la lógica aristotélica, sino que de hecho nuestro mundo simbólico es lo más alejado a lo que podríamos llamar lo natural. El metro como toda medida es una convención de referencia que por comparación nos da un patrón que nos permite -así como la gramática- entendernos.

La modernidad se organiza a partir de la medida del orden matemático y la razón. Para Pitágoras las proporciones matemáticas encontradas en la naturaleza  dan cuenta de un logos de una razón que pudiendo ser Dios a ordenado y creado el universo. La sorpresa no está en la exactitud natural que tiene la proporción aurea, sino que crea la ilusión del numero de oro –otro mineral que tiene valía en su posibilidad de cambio- , de la piedra filosofal, de la alquimia capaz de transformar los objetos en aquel que colme nuestra falta, del algoritmo de π (3,1415…) –película- que permita responder las preguntas de los poetas, de los amantes, de los filósofos y porque no de los arquitectos.

¿Qué es ser un arquitecto? ¿Quién es EL ARQUITECTO?, dónde está esa esencia áurea que hace de un diseño EL Diseño –mayúsculo-, dónde se esconde esos patrones de referencia que hacen que algunas líneas, materiales, elementos, relaciones se vuelvan criticadas o referentes de lo que sería una “buena” arquitectura.

En el psicoanálisis el objeto esta presente en su ausencia, provoca un recorrido que falla y repite. Condenados al deseo lo asombroso no es la razón natural que esconden los elementos como patrón “universal” para el diseño arquitectónico, no es esa meta del diseño perfecto validado por un Dios proporcionado y matemático de líneas y espacios geométricos lo que hace a una práctica arquitectónica.

Lo que asombra es aquello que faltando como condición de deseo del arquitecto le impone un recorrido en su creación, no es una forma antojadiza, no es La Forma, La Estructura, ¿Qué diseño perfecto como meta final puede existir en la arbitrariedad del significante y de la subjetividad? Será en tal caso  la búsqueda que siempre fallida  hará del cliché de “la mejor obra es aquella nunca comenzada”, la condición de un trazado hacia la interrogación por la práctica del arquitecto.

No existe EL DISEÑO, y la arbitrariedad hace que la arquitectura tenga cierta indeterminación; sin embargo esta condición en si misma hará lugar de vacío, habrá que interrogar que posición tenemos frente a esto que llama ser llenado.

Autor: Santiago Rueda M.

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