El diálogo acorta distancias

Tras nuestro involucramiento desde el mes de Febrero al trabajo comunitario y participativo del proyecto Re-conocer San Juan, desarrollado en colaboración con el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) y otros colectivos de artistas, gestores y activistas comunitarios, fuimos invitados a la “PRIMERA MESA DE TRABAJO: RELACIONES POSIBLES ENTRE MUSEOS Y COMUNIDADES” encuentro organizado por la Fundación Museos de la ciudad.

Esta reunión pretendía generar un diálogo entre distintos actores involucrados en el trabajo en la comunidad, entre ellos el equipo de mediación de los distintos museos que hacen parte de la fundación, con el fin de analizar y obtener algunas conclusiones acerca del trabajo cultural que se puede desarrollar a favor de las comunidades desde los museos.

Más allá de la importante discusión que se generó y de las conclusiones que se obtuvieron, la experiencia en sí es la que suscitó en nosotros algunos cuestionamientos sobre nuestro rol como arquitectos pero sobre todo como ciudadanos, ideas que cada vez se van confirmando más conforme con las nuevas experiencias.

Lo primero que notamos al empezar el encuentro y nos sorprendió mucho, son las ansias que la gente tiene por hablar. A veces sin pensar mucho en lo que va a decir, a veces meditándolo exhaustivamente, a veces apoyando causas y otras contradiciéndolas, pero siempre con muchas ansias. Empoderar al resto con la palabra y abrir el espacio para ello es de crucial importancia cuando se quieren manejar procesos verdaderamente participativos. Es por eso que el comentario general fue de felicitaciones hacia la iniciativa de los museos de escuchar lo que la gente de la ciudad tiene que decir.

Lo interesante de estos procesos es percibir como la experiencia de la participación va mejorando las propuestas a través de la contemplación de los puntos en común que pueden llegar a tener todas las partes. En este caso siendo la cultura un punto en común, más allá de las distintas percepciones que hay sobre el rol de la cultura, hay un interés general en poder consumirla, compartirla y aprender de ella. La sensibilidad del arte permite que distintos grupos humanos se sientan fácilmente identificados con ella y crean importante su relacionamiento con la comunidad.

El grupo reunido en el encuentro fue bastante heterogéneo, lo cual enriqueció la conversación conociendo los puntos de vista desde arquitectos, artistas, gestores culturales, comerciantes, mujeres empoderadas y de la tercera edad.

Esto nos llevó a otra importante reflexión, y es que a los arquitectos nos hace falta escuchar mucho más allá de la arquitectura. Nuestro trabajo está constantemente involucrado con toda una realidad física, sicológica, sociológica, natural, urbana, digital, económica. Sin embargo el momento de hacer arquitectura lo que escuchamos, y eso si es que decidimos escuchar, es a más arquitectos o constructores. Hoy más que nunca hemos aprendido que estos ejercicios interdisciplinares, y no sólo entre expertos y técnicos de distintas áreas sino entre la misma colectividad y sus líderes, son los que nos permitirán encontrar soluciones más cercanas a la realidad diversa de la que somos parte.

Es por ello también que todos los actores deberíamos empezar a replantearnos nuestro papel en la sociedad. Desde las instituciones culturales, que necesariamente deberían ampliar sus objetivos y visión acerca de su difusión de la cultura a través de los museos, a los arquitectos quienes deberíamos cuestionarnos el impacto que nuestros proyectos tienen en la ciudad; y evidentemente los ciudadanos, quienes deberíamos apartarnos de la actitud paternalista, para empezar a resolver los problemas a través de la autogestión, y pasar de la queja a la propuesta.

Cuando Ana Rodríguez hablaba de que contrariamente a otras ciudades en Quito la asistencia a museos no van en decrecimiento, nos dimos cuenta la importancia que tiene que estas instituciones hayan cambiado su papel ante la colectividad, ya que poco a poco está permitiendo que se genere un sentido de apropiación de estos espacios.

Nos alienta pensar que la intención no sólo de socialización sino también de colaboración y participación real está dada y la apertura para hacerlo es evidente de parte y parte. Es así que se empiezan a tener ciudadanos empoderados y dispuesto a apropiarse del espacio público e instituciones conscientes ante su papel para con la comunidad. Sólo este tipo de reflexiones son las que lograrán que todos hagamos de esta una mejor ciudad.

Autor: 3+1 arquitectura

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